La sabiduría se ha olvidado en las aulas y en la vida; se le confunde. La erudición no garantiza sabiduría, ni los saberes educan el corazón.
La falla de la academia
Empezamos con esta frase potente: “entre nosotros se ha cultivado demasiado el intelecto pero demasiado poco la firmeza de carácter”. Te sorprenderá al final saber quién dijo estas sabias palabras. Pero, ¿qué tan ligado está el carácter con la sabiduría? Interesante cuestión.
En efecto, la educación del intelecto está desligada de la formación del carácter, pero esto no es todo. Suceden otras cosas en la academia: produce pocos eruditos por escuela; los especialistas saben mucho de algo y muy poco de lo demás, el conocimiento se ha dividido y esto lo ha sesgado. Cuando la NASA despidió a doctores especializados, apenas consiguieron trabajo mal pagados; además presumir títulos no garantiza ser mejor persona ni ser ético. Y para rematar, la sabiduría brilla por su ausencia en la academia.
Sabios sin estudios
Hay gente sin estudios con gran sabiduría que brillan en sus entornos inmediatos. Un célebre juez y síndico de Navolato, Sinaloa, en México, tenía juicios de puro sentido común inapelables. En el nivel práctico abundan los empresarios exitosos sin estudios que tienen un sentido común muy desarrollado, son naturalmente prudentes y sensatos.
¿De qué se trata la sabiduría?
Entonces, ¿es sabio quien tiene muchos estudios? ¿Los que tienen mucha experiencia? ¿Los muy inteligentes? ¿Los que investigan mucho? Observamos que ninguno de los cuatro casos dan sabiduría necesariamente. Aquí mencionaremos solo algunas condiciones, por falta de espacio.
Nos impactó profundamente la definición de sabiduría del célebre teólogo y filósofo alemán de la Universidad de París del S. XIII, a quien llamaban maestro, Meister Eckhart: “sabio es aquél que sabe lo que son las cosas sin confundirlas”. Genial por su brevedad profunda!!! En efecto, la claridad de ideas que se desprende de esto es fundamental.
El entendimiento y el razonamiento disciplinados buscan ante todo la claridad de ideas. Nos podemos equivocar al razonar de tres maneras: 1. Al confundir una cosa con otras, 2. Al reducir el todo a lo conocido, y 3. Por la perplejidad al no entenderlas.
Alcanzar la certeza requiere disciplina mental: estar muy atentos, sagacidad, verificar, análisis y síntesis. Esto acerca a la verdad que es todavía más amplia.
La objetividad
El primer paso del entendimiento es captar las cosas tal como son sin desvirtuarlas, hay que confirmarlas y no quedarnos con su impresión.
Obsérvate. ¿Cuántas de las cosas que das por ciertas las supones en realidad? Suele asumirse ser objetivos sin serlo. Al enseñar en las maestrías en dirección de negocios a los maestrantes les resulta un shock mental asimilarlo.
El nivel de conciencia
Algo muy interesante sucede cuando tomas consciencia de lo que aprendes, ya que ese conocimiento gana relevancia: lo elevas de nivel. Esto es un salto gigante. La Inteligencia artificial (IA) no puede suplir el nivel de conciencia porque eta última es una condición del espíritu.
Una cosa es estar enterado, otra es saberlo y otra muy distinta es experimentarlo. Así, el conocimiento cobra vida, lo sientes. Y ganas experiencia.
-Oiga súbame el sueldo, decía uno.
El jefe le pregunta: ¿por qué?
- Porque tengo ocho años de experiencia.
- Mira, tú tienes ocho años de antigüedad pero tienes cuatro de experiencia ahí, no te confundas”.
Mente abierta
Nada entra en una mente cerrada o en una que insiste en saber lo que no sabe realmente. La humildad nos abre la mente, el orgullo la cierra. Pero eso no es todo, repetía el célebre Doctor Carlos Llano del IPADE: “mente abierta y equilibrio de juicio”.
Saber mucho estorba cuando se requieren soluciones prontas, se requiere equilibrio de juicio para no perder de vista lo esencial ni el balance.
El Doctor Michael Porter de Harvard decía que la estrategia “se trata de elegir qué no hacer y enfocarse en lo que realmente importa para destacarse en el mercado”.
En nuestras asesorías en estrategia vemos que nuestros clientes batallan para precisar lo que realmente quieren, los ayudamos a descubrirlo y las cosas cambian cuando lo tienen claro y por escrito; la claridad de ideas otra vez.
Sagacidad e Inteligencia natural
Observamos que las mentes sagaces se confían en su rápido entendimiento sin ir siempre al fondo; la profundidad requiere tiempo y meditación. Importa estar muy atento a lo que sucede alrededor. Es cosa que les falla a los genios distraídos. Además, abundan los pillos muy listos, y los promedios sobresalientes no siempre tienen una vida balanceada.
La inteligencia no garantiza la sensatez, así como los estudios no garantizan la erudición, ni la erudición la sabiduría.
Cuando el brillante General von Paulus con su VI Ejército Alemán se rindió en Stalingrado, Hitler tronó porque le desobedeció, entonces pronunció las palabras iniciales.
Lo emocional
El gran coco: saber qué hacer con nuestras emociones. La gente sabia busca no solo el conocimiento y la verdad, buscan el bienestar y la felicidad a través de la virtud, saben que el mal moral les roba paz, pueden no tener estudios pero tienen algo: se dejan guiar por su buen corazón sin ser nada ingenuos.
Vencer el egoísmo no es fácil. La Fe perfecciona el entendimiento, al dar sabiduría para afrontar los momentos duros. Se les distingue en su semblante sereno, observan sin enjuiciar para comprender mejor, tienen la disciplina de irse venciendo a sí mismos.
Hacer el mayor bien posible requiere una heroicidad silenciosa, refleja una sabiduría más elevada que se agradece más que el saber. La caridad es el culmen de la sabiduría, ella cubre nuestras imperfecciones.






